Historias del Alcázar de Madrid

En esta ocasión quiero hablaros de un antiguo edificio de Madrid, muy probablemente el gérmen del que surgió la ciudad, y es por esta circunstancia, por la que no se trata de contar solo sus detalles arquitectónicos sino de relatar también, la historia de algunos de sus personajes y acontecimientos mas destacados.

Para poder vigilar y controlar el territorio de la Marca Media (entre la Sierra de Guadarrama y el río Duero) fue necesaria la construcción de numerosas atalayas y fortificaciones para frenar y vigilar el avance cristiano, como las que se pueden ver en la imagen.
La fundación de Madrid fue uno de estos casos. Madrid estaba en una pendiente muy elevada, poseía el arroyo de San Pedro (actual calle Segovia), el arroyo del Arenal y el arroyo de Leganitos, por lo que poseía recursos naturales para la alimentación y la defensa.

La historia del Alcázar de Madrid se remonta a los orígenes mismos de la ciudad, más concretamente a su fundación por el emir musulmán Muhammad ben Abd al Rahmman entre los años 850 y 866 con una función puramente militar; esto es, reforzar el sistema defensivo de la Marca Media.

 

Recreación del Mayrit musulman
La muralla poseía tres puertas principales (La Xagra, Alvega (la Vega) y Santa María) por las que se accedía a la medina de Mayrit. Además poseían una mezquita árabe, que era la primitiva Iglesia de Santa María, actualmente demolida (en 1868 para ensanchar la calle Mayor y Bailen), aunque se conservan restos arqueológicos
La ciudad musulmana sobrepuesta a un plano actual de las calles de Madrid

Poco sabemos sobre el Alcázar musulmán, que debió ser un simple castillete que junto con la muralla conformaban el entramado de fortificaciones que protegían la ciudad. En cuanto a su ubicación, hay varias interpretaciones; una tradicional, según la cual estaría situado sobre el posterior Alcázar -actual Palacio Real-, y otra más reciente que lo emplaza más al sur, entorno a la ladera norte de la calle Segovia.
En la primitiva ciudad, tambien existieron dos arrabales, donde actualmente se encuentran Las Vistillas y otro en las inmediaciones de la primitiva iglesia de San Nicolás y San Salvador.

Del mismo modo, vuelven las controversias en los años posteriores a la conquista cristiana; así, mientras que para unos la antigua fortaleza musulmana fue paulatinamente reformada por diversos reyes castellanos, otros hablan de construcción ex novo ya sobre el solar del actual Palacio Real.

LOS TRASTÁMARA

Sea como fuere, lo cierto es que el Alcázar madrileño no empieza a alcanzar cierta entidad hasta que la dinastía de los Trastámara lo elige como residencia regia, convocando en la Villa cortes sucesivamente. Así, Enrique III -según nos cuenta León Pinelo-, le confirió un aspecto más palaciego, realizando para ello diversas obras de importancia como el levantamiento de algunas torres.

La misma política siguió su hijo, Juan II, quien también realizó importantes reformas como la construcción de una nueva capilla, y de una sala, que decorada con un gran lujo se la acabó conociendo como la “Sala Rica”

Posteriormente, Enrique IV eligió de nuevo el Alcázar como una de sus residencias favoritas, y en él residió durante largas temporadas, naciendo en una de sus salas Juana la Beltraneja, el 28 de febrero de 1462.
A Enrique, que no tuvo hijos, le llamaban “el impotente” y se dice que su hija lo era de D. Beltrán de la Cueva, de ahí su nombre. Al morir el rey, Isabel, hermana de Enrique y Juana iniciaron una guerra por la sucesión al trono



                      ISABEL I                                                JUANA LA BELTRANEJA

Algunos años después, tras el estallido de la guerra civil, el edificio sufrió numerosos daños puesto que en 1476 los seguidores de la Beltraneja fueron sitiados en el recinto por las tropas de Isabel I

El alcazar en el S.XVI



Jan Cornelius Vermeyen (1500-59) grabado del año 1534 “El Castillo de Madrid” en el que aparece la imagen de la iglesia de San Miguel de la Sagra,  junto a las torres del Alcázar.

CARLOS I


Vista del Madrid de la época por  Antoon Van Den Wijngaerde

Poco a poco el Alcázar madrileño se fue convirtiendo en una de las residencias reales más importantes del reino de Castilla, a pesar de los destrozos que sufrió durante la Guerra de las Comunidades, y de servir de prisión al rey Francisco I de Francia tras su captura en la batalla de Pavía (1520).

La primera ampliación de importancia acometida en el edificio se efectuó en el año 1537, por encargo del emperador Carlos V

En 1536, el emperador Carlos V decidió otorgarle una impronta más cortesana y palaciega, encargando su reforma a los maestros Luis de Vega y Alonso Covarrubias, quienes además de renovar las estancias ya existentes, duplicaron la superficie del edificio con la construcción de un nuevo cuarto para la reina entorno a un segundo patio, y una nueva fachada rematada por las armas imperiales.

FELIPE II
Pero el personaje clave en las obras de modernización y ampliación del Alcázar va a ser sin ninguna duda Felipe II. Ya desde su primera regencia en 1543, el todavía príncipe imprimió un nuevo ritmo a las obras, que se incrementará más aún si cabe a partir de 1561, cuando decide trasladar la Corte a Madrid. 

Felipe II, (Tiziano)

Gran aficionado a la arquitectura, supervisó al completo la reforma del edificio. Si bien su padre Carlos I de España ya había sopesado la opción de fijar la corte en Madrid, y a él se le debe una primera remodelación del edificio, fue durante el reinado de su hijo cuando el palacio adquirió su forma característica. Las obras, que se extendieron desde 1561 hasta 1598, fueron dirigidas inicialmente por Gaspar de la Vega


Juan Bautista de Toledo, arquitecto de El Escorial
Felipe II ordenó al arquitecto Juan Bautista de Toledo que se pusiera al frente de las obras, siendo este autor el que consolide definitivamente el Alcázar como la principal residencia real. Juan Bautista de Toledo, remodeló principalmente la parte más antigua, reconstruyendo salas, levantando galerías, y sobre todo, construyendo la denominada Torre Dorada en el extremo sudoeste, siendo un torreón rematado con un chapitel de pizarra similar a los usados en su obra magna.


CASA DEL TESORO
Con esta denominación se designaba a un complejo arquitectónico, destinado a diferentes servicios, que constaba de dos recintos principales: las Casas de Oficios y las cocinas nuevas.
Sus obras, que comenzaron en 1568, en tiempos de Felipe II, se realizaron a partir de un diseño que contemplaba inicialmente una construcción independiente, pero que finalmente fue anexada a la fachada oriental del Alcázar

Imagen infográfica del Alcazar, antes de la remodelación de Gomez de Mora

FELIPE III

No acabaron aquí las obras del Alcázar, pues prosiguió su renovación durante los siguientes reinados. La fachada sur fue reformada con Felipe III y Felipe IV

El proyecto inicial, que pretendía uniformizar las trazas del edificio con las de la Torre Dorada, fue realizado en 1609 por Francisco de Mora.



Maqueta del Alcazar en el S.XVII

FELIPE IV
Así y todo, el resultado de las sucesivas remodelaciones había convertido el palacio en una extraña mezcla de estilos. Hubo que esperar hasta otra reforma en el reinado de Felipe IV para obtener una traza realmente armoniosa, a pesar de que este Monarca no sentía mucha simpatía por el palacio.
De hecho, rehusó habitar en el Alcázar y mandó construir un segundo palacio, el del Buen Retiro, igualmente desaparecido.

Plano del proyecto de Juan Gomez de Mora


Pero fue el sobrino de éste último, Juan Gómez de Mora, quien se hizo cargo de su construcción introduciendo algunas modificaciones respecto al proyecto original -portada y tres torres más-, aunque sólo se realizó en parte.

Su aspecto exterior final pues,  corresponde a las obras realizadas en 1636 por el arquitecto Juan Gómez de Mora, impulsadas por el rey Felipe IV.

Vista de uno de los patios interiores

CARLOS II  Durante su reinado  continuaron las obras

(En la imagen aparece Carlos II ante una consola sujeta por dos leones de bronce dorado y un espejo con cabezas de águilas, de los que luego os hablaré.)

La remodelación, se remató con un capitel la llamada Torre de la Reina (simétrica a la Dorada), y se cerró la plaza sur mediante algunas dependencias y galerías.

La familia de Felipe V por Van Loo

Esquema de los distintos miembros Borbones, donde aparecen tres reyes: Felipe V, su hijo Fernando VI y el hermano de este, Carlos III, (que reinó, al no tener su hermano descendencia)

FELIPE V

Vista del Alcazar desde la  Cuesta de la Vega por Bambrilla


 Esta plaza será testigo de la proclamación de Felipe V el 24 de noviembre de 1700.

El estilo austero del edificio, que fue su primera residencia en España, chocaba directamente con el gusto francés que había impregnado la vida del primer Rey Borbón de España.

(Nieto de Luis XIV, promotor del imponente Palacio de Versalles, que chocaba intensamente con el viejo Alcazar madrileño)


Palacio de Versalles

Felipe V desde su nacimiento en Versalles en 1683 hasta su llegada a España en 1700. El palacio nunca fue de su agrado, pese a las reformas acometidas para dotarle de un estilo francés.
Con Felipe V comienza la última etapa en la historia del Alcázar de Madrid. Ésta, se caracterizará por las exhaustivas obras de reforma interior que llevó acabo la nueva dinastía para adecuar el viejo palacio al gusto francés, y que tendrán como protagonistas indiscutibles a la reina María Luisa de Saboya

Y sobre todo a su camarera mayor, Ana María de la Tremoille, princesa de los Ursinos.
La princesa, hasta la muerte de la reina en 1714, fue quien al margen de toda burocracia ordenaba las obras en palacio, que eran ejecutadas por el arquitecto Teodoro Ardemans, y en una fase posterior por el francés René Carlier.



Proyecto de Ardemans


El Alcazar en 1734, en ese año ocurrió un terrible incidente que dió lugar al cambio drástico del antiguo Alcazar.


EL INCENDIO


El Alcázar era en 1734 de planta rectangular formada por dos cuadrados con sendos patios, llamados de la Reina y del Rey. Se hallaban ambos conectados por la capilla real, la pieza más ornamentada, hasta el abigarramiento con relicarios y exvotos, de cuantas componían aquella gran mansión que, desde 1534, por orden de Carlos el Emperador, había sido profundamente transformada en sus fachadas y estancias.
El palacio adquirió su mayor esplendor bajo el reinado de Felipe III, entre 1599 y 1625 al que los madrileños, para disuadirle de que mantuviera la Corte en Valladolid, traslado que hizo entre 1601 y 1606, regalaron enormes sumas para aquí retenerlo.
Aquellos dineros sirvieron para que Felipe III invirtiera en sus instalaciones.

Pero Felipe V de Borbón, veía en el Alcázar la expresión de un pasado macilento e insuperable, del que quería desprenderse. El incendio vino a satisfacer aquel desdén regio.

Y fué, en la Nochebuena de 1734, y hallándose la corte en el Pardo, cuando se desató un incendio que se prolongó durante cuatro días redujo a cenizas los siglos de historia del Alcázar.

Un castillo medieval de torres tubulares, techadas todas con empinados chapiteles de pizarra y rematadas por afiladas saetas, corona el más alto horizonte de Madrid hacia poniente. Así podría ser descrito, aún hoy, el perfil oriental de la ciudad de no haberse desatado, en una noche invernal, un estremecedor incendio que redujo a escombros aquella real fortaleza, hace casi tres siglos. Había permanecido erguida seis centurias como poderosa atalaya, con sucesivas ampliaciones y mejoras hasta aquella infausta Nochebuena del año de 1734.

Fragmento de La Gaceta de Madrid, donde se reseña el incendio (No existen mas documentos de ningún tipo, que de noticia a este importante incidente; es como si se hubiera querido borrar del mapa y la memoria, el antiguo aposento de los Austrias)

Paso, pues, a describir lo que ocurrió:
A las doce y cuarto de la noche, poco después del cambio de guardia, los soldados apreciaron llamaradas en el lienzo de la Priora, que cae a Poniente. Si bien dieron rápidamente alerta para evacuar el edificio, y los monjes del convento cercano de San Gil (donde hoy se sitúa el Café de Oriente), repicaron las campanas, el aviso fue ignorado durante un buen rato. Al oír las campanadas, método de aviso para la población en caso de incendio, la gente creyó que era la llamada para la Misa del Gallo.
El fuego se había originado en un aposento del pintor de Corte Jan Ranc, donde, al parecer, mozos de palacio se habían embriagado al calor de la festividad navideña, desatendiendo una chimenea llena de leños ardientes.
Las llamas del tiro saltaron a los cortinajes y bien pronto, tanto las ventanas, como las carpinterías, los muebles, las camas con dosel y los numerosos bargueños y arcas que jalonaban los pasillos del palacio, fueron devorados por llamas.
Al poco, comenzaron a morder también de muerte armazones y artesonados de madera, que componían la estructura del real alcázar.
De su interior surgieron velozmente criados y palafreneros, que intentaron poner a salvo algunos de los tesoros que el alcázar albergaba. Ante el furor del fuego, cargaron cinco carros con siete caballos y mulas cada uno, “con oro, plata, joyas y monedas del ajuar de los infantes y salieron arreando”, según cuentan las crónicas.

Recreación del “Salón Nuevo” con su colección de cuadros

Adentro, acosados por el humo, se hallaban más de 2.000 lienzos que formaban la mejor colección de pinturas del mundo, coleccionada desde tiempos de Isabel I de Castilla y legada a sus herederos.
Tiziano, Tintoretto, Ribera, Durero, Leonardo, Brueghel... habían incrementado el patrimonio regio a partir del reinado de Felipe II y su hijo.

Foto antigua de la Armería de Palacio

Las aproximadamente mil pinturas, esculturas y mobiliario que consiguieron rescatarse se almacenaron en varios puntos cercanos al Alcázar: la Armería, las Bóvedas de Palacio (lugar que no quedó afectado por el incendio), el Convento de San Gil, las Casas Arzobispales, la Casa del Marqués de Bedmar y la Casa del pintor Jean Ranc. 

De todas estas obras se hizo inventario casi inmediatamente, por lo que podemos saber con precisión que en total se salvaron 1192 pinturas y 44 lotes de esculturas y mobiliario en los cuales se detallaron las obras por conjuntos.

Du Verger  Sección del Alcázar en la que se muestran de izquierda a derecha  El Salón de los Espejos  la Pieza Ochavada y la Galería del Mediodía. París  Cabinet des Estampes.

Así por ejemplo las diez esculturas de la Pieza Ochavada, es decir los siete Planetas de Jonghelinck y los tres bronces encargados por Velázquez en Italia, se describen en una única entrada.

El Inventario del Alcázar de Madrid de 1666 se redactó tras el fallecimiento de Felipe IV el 17 de septiembre de 1665. El documento refleja el afán coleccionista del monarca, quien en sus cuarenta y cuatro años de reinado multiplicó exponencialmente el número de obras artísticas en sus palacios.

Entre las esculturas salvadas se encontraron todas las que formaban parte de la Pieza Ochavada, los leones que hacían de sustento a los bufetes del Salón de los Espejos e incluso los espejos con las cabezas de águila, elementos que podemos apreciar en su contexto gracias a los retratos de Carlos II realizados por Carreño en ese espacio.

León de bronce dorado, antes mencionado que se pudo salvar del incendio.

De la etapa de Felipe IV, el más refinado de los monarcas, procedían numerosas obras de Diego Velázquez y Pedro Pablo Rubens, algunos de cuyos magníficos lienzos, fueron devorados por las llamas.

VELAZQUEZ


Velazquez en la sala del Alcazar, donde pintó las Meninas.




Entre las obras perdidas, una de las más valiosas, no ya por su factura sino por su valor histórico, sería” La expulsión de los moriscos” de Diego de Silva Velázquez, que le valió en el concurso de 1627 el ganar el cargo de ujier de cámara, paso decisivo en su carrera, ya que le permitió realizar su primer viaje a Italia. (Quedó el boceto que se ve en la imagen.)

De Velázquez eran también un retrato ecuestre del rey, y tres de los cuatro cuadros de la serie mitológica (Apolo, Adonis y Venus, y Psique y Cupido), de la que sólo se recuperó el Mercurio y Argos.

LAS MENINAS



Entre los cuadros salvados se encontraban «Las Meninas» de Velázquez, arrojado por una de las ventanas

El famoso cuadro Las meninas, que colgaba en un despacho de la planta baja, se pudo rescatar pero sufrió una perforación en una mejilla de su protagonista, la infanta Margarita. Este daño fue reparado hábilmente en esa época, y no requirió mayor retoque cuando el cuadro se restauró en 1984.

Hoy se puede apreciar el cuadro de nuevo en todo su esplendor gracias a los recientes trabajos de limpieza. No en vano, una parte de las colecciones pictóricas había sido trasladada previamente al Palacio del Buen Retiro, para preservarla de las mencionadas obras de reforma que Felipe V había iniciado.

La gran pintura derecha esbozada en la pared del fondo de Las Meninas trata de la copia de un óleo que se conserva en el Museo del Prado firmado por Jacob Jordaens, el cual había sido copiado, previamente, por Juan Bautista Martínez del Mazo, discípulo de Diego Velázquez.

RUBENS


Otro de los grandes pintores del que se perdieron numerosas obras fue Rubens, Entre cuyas bajas podemos citar un precioso “Retrato ecuestre de Felipe IV”
Durante la estancia de Rubens en Madrid entre los meses de agosto de 1628 y abril del año siguiente sólo tenemos un encargo documentado; se trata del retrato ecuestre de Felipe IV, original que ha desaparecido pero que conocemos gracias a una buena copia, que se guarde en la Galería de los Ufficci de Florencia

Reconstrucción de los testeros Oeste y Este del Salón de los Espejos del Alcázar de Madrid, tras la remodelación de los años 50 del siglo XVII.

El lienzo estaba destinado a decorar uno de los salones más importantes del Alcázar, era especialmente querido por el retratado, y que ocupaba un lugar de privilegio en el Salón de los Espejos



Estaba enfrentado al famoso retrato de Tiziano “Carlos V en Muhlberg” en el que aparecía el Emperador en la Batalla de Mühlberg.

También se dió por perdido de aquel autor,” El rapto de las Sabinas”, o las veinte obras que ornaban la Pieza Ochavada.
Posteriormente  el Museo del Prado, ha localizado en las colecciones del Palacio Real «El rapto de las sabinas», un lienzo de unos cuatro metros iniciado por Rubens y acabado, tras la muerte de éste, por Gaspar de Crayer. La pintura, catalogada como anónima del siglo XVIII, fue un encargo de Felipe IV de Austria para el Salón de los Espejos del alcázar


Pedro Pablo Rubens: La Caza del Oso.

Reconstrucción del aspecto completo de la obra de la que se perdió una parte en el Incendio del Alcázar de Madrid.


TIZIANO

Relieve con el perfil de un emperador romano. (Museo del Prado)

Deriva de una serie de Doce Cesares pintados por Tiziano, cuya influencia se extendió, a partir del Quattrocento, por toda Italia septentrional y central, con modelos basados en medallas antiguas.

Del mencionado Tiziano se perdió la “serie de Los Doce Césares”, presente en el Salón Grande, y dos de las “cuatro Furias” que había en el Salón de los Espejos.

Tambien el antes mencionado Carlos V en Mühlberg o el Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando, ambos de Tiziano, que estaban en el Salón de los Espejos, se vieron afectados.

El retrato ecuestre de «Carlos V en Mühlberg» del pintor veneciano Tiziano, que quedó oscurecido por el humo en la zona inferior, donde los colores de la tierra y la hierba fueron reducidos a un ocre oscuro.

OTROS PINTORES

Además de los citados, se perdió una invaluable colección de autores como Tintoretto, Veronés, Ribera, El Bosco, Brueghel, Sánchez Coello, Van Dyck, El Greco, Aníbal Carracci, Leonardo da Vinci, Guido Boloñés, Rafael de Urbino, Bassano el Viejo y el Joven, o Correggio entre otros muchos.

José de Ribera:
Reconstrucción del lienzo “La visita de Baco al poeta Icario”. Colección Particular. Sobre ella los tres trozos de lienzo conservados del lienzo del Alcázar de Madrid: Cabeza de Sibila (Museo Nacional del Prado, MNP, nº inv. 1122), al Baco (MNP, nº inv. 1123) y la Cabeza de Sátiro (Bogotá, Colección Laserna).

Otras pinturas destruidas habían sido adquiridas durante el reinado de Carlos II quien, pese a sus limitaciones biológicas, apostó muy fuertemente por incrementar las colecciones reales con lienzos de Lucas Jordán, Claudio Coello y Carreño de Miranda. Hasta 500 lienzos desaparecieron para siempre, pero 1.038 obras de arte fueron salvadas del incendio

Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro

Una parte importante de la pinacoteca del Alcázar había sido trasladada provisionalmente al Palacio del Buen Retiro para facilitar la ejecución de unas obras, con lo que quedó a salvo del incendio.

Convento de San Gil, enfrente del Alcazar, del plano de Texeira

No se dejó al pueblo de Madrid participar en la extinción del incendio, “por temor al saco”, y casi únicamente lo hicieron frailes del cercano convento de San Gil. Miles de ornamentos religiosos, ropajes, reliquias, incluso una flor de lis que la leyenda hacía descender del cielo, se consumieron bajo las llamas.

A lo largo de cuatro días, el incendio fue consumiendo el palacio hasta solo dejar un par de fachadas y la torre del Príncipe, la de Carlos I, en pie.

Y aunque las joyas más emblemáticas de la Corona, como la Perla Peregrina y el diamante El Estanque, pudieron ser rescatadas, muchos objetos de plata y oro quedaron fundidos por el calor y los restos de metal tuvieron que recogerse en cubos

Lo poco que agradaba el edificio a Felipe V, la extraña ausencia de la familia real ese día –que normalmente celebraba los maitines de Nochebuena en la Capilla Real–, el traslado previo de algunas de las obras de arte y la rapidez con la que surgió la propuesta de crear un nuevo palacio en esos mismos terrenos son los ingredientes que alimentaron la sospecha de que el Monarca sopló no para apagar las llamas, sino para avivarlas.

Felipe V tuvo la oportunidad de construir un nuevo palacio que fuera un emblema del poder de la dinastía de los Borbones y que mostrara el lujo y esplendor a los que tan acostumbrado estaba. y a la vez  borrar el recuerdo de la dinastía precedente: los Austrias.

Proyecto de Juvara para el nuevo palacio

El rey, añoraba su Versalles natal. El intento de crear perspectivas a base de alineación de estancias en el interior del Alcázar madrileño y dotarlo de una decoración de corte más rococó no hacía sino marcar todavía más las diferencias con el anhelado modelo versallesco. Es por ello que Felipe V apenas ocupó el viejo Alcázar de los Habsburgo. No quiso o no supo ver la grandeza de sus estancias y la soberbia colección de pinturas que lo ornaban.

Palacio y jardines del Buen Retiro

Prefirió el Buen Retiro, porque en su concepción más profunda le recordaba a su querido palacio francés, aunque no se parecían en nada, salvo en su concepción plana y ajardinada y sobre todo, que estaban a las afueras de la ciudad.

Diseñó un palacio que duplicaba en planta al de Versalles, con más de 500 metros de fachada (la fachada actual, para que os hagáis una idea mide 130 metros), pero ideado para los altos de San Bernardino, este lugar más o menos coincide con la actual calle Isaac Peral, en el barrio de Arguelles.

Arriba varios dibujos del proyecto de Juvara

Se trataría de un edificio barroco con cuatro grandes patios, siguiendo así la forma habitual en Italia. Y es que se pretendía que el edificio tuviera trazas tanto italianas como francesas.
Un lado entero del patio mayor estaría dominado por las escaleras principales, y entre los dos patios más importantes se situaría la biblioteca y la capilla.

El arquitecto italiano Filippo Juvara ideó un monumental proyecto inspirado en el Palacio del Louvre de París. Su construcción comenzó en 1738, según trazas del arquitecto, quien proponía un palacio mayor pero en una ubicación diferente.

Otro de las características del nuevo monumento serían sus materiales de construcción: se trataría de evitar la madera para que el flamante palacio no fuera devorado de nuevo por las llamas, y se construiría enteramente en piedra y ladrillo.

Pero al morir Juvara, se encomendó el proyecto a su discípulo Juan Bautista Sachetti, a quien se exigió adaptar los planos de Juvara al solar del antiguo Alcázar.

Sachetti: Plano de cimentación del palacio con la rampa hasta el campo del Moro

Sachetti se ve obligado a modificar por completo el diseño de su maestro ya que el rey estableció que la ubicación definitiva del Palacio fuese en el solar del antiguo Alcazar

El nuevo proyecto contempla la construcción de jardines hasta la basílica de San Francisco el Grande, una catedral y un viaducto para salvar la vaguada de la calle Segovia.

Francesco Sabatini entre 1775 y 1779, por Francisco de Goya (Museo Meadows, Dallas).

En 1760 la construcción recae en Francisco Sabatini quien modifica y fija definitivamente el proyecto heredado de Sachetti,

Proyecto de Sabatini

La principal aportación de Sabatini al diseño es, precisamente lo que no se llego a construir, la ampliación del Palacion mediante 4 nuevos patios que parten de la fachada posterior.

El Palacio resultante, que construyo Sabatini, es el más grande de Europa Occidental aunque lo construido difiera bastante de lo originalmente diseñado, si Sabatini hubiese podido construir todo su proyecto estaríamos hablando del mayor palacio del mundo.




Maqueta del modelo de Madrid, donde se puede ver el aspecto del Palacio en 1830

Otra vista de la maqueta

Las obras concluyeron en el reinado de Fernando VI.  vista del Palacio en la actualidad

Artehistoria

http://www.madridhistorico.com/seccion5_historia/index_evolucion_medieval.php?idmapa=2

http://www.t.museoimaginado.com/NUEVO%20ALCAZAR/NA6.htm

https://enviarte.wordpress.com/tag/velazquez/

http://diegovelazquez.webcindario.com/Phi00.htm

http://diegovelazquez.webcindario.com/acotacion.htm

http://laestanteriadearriba.blogspot.com.es/2009/06/arquitectura-que-nunca-fue-palacio-real.html

https://investigart.wordpress.com/2016/04/25/el-incendio-del-alcazar-de-madrid-en-la-nochebuena-de-1734/
https://investigart.wordpress.com/2014/12/11/el-efecto-farnesio-el-buen-gusto-y-sus-consecuencias-en-el-palacio-real-nuevo-de-madrid/

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